viernes, 13 de septiembre de 2013

Innovación iluminadora poco atendida
Muchas instituciones cristianas llaman filosofía de la educación a sus principios educativos, aunque acudan a fuentes de fe y no sólo de razón. La expresión teología de la educación, más apropiada,
suena a neologismo y requiere explicación.
Todos los grandes pensadores y realizadores de la educación cristiana tuvieron intuiciones y expresaron declaraciones en este campo del saber1. Nadie antes de San Juan Bautista De La Salle
expuso tan ampliamente en forma reflexiva y eficaz cómo la fe cristiana permite relacionar la acción educativa con la salvación y con la santidad. La teología de la educación fue su innovación intelectual fundamental. No empleó el nombre, pero la cultivó con maestría original y fecunda. La empleó como base de la espiritualidad y del apostolado propio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas que fundó, de los maestros seglares cuya profesión creó - al darles prolongada formación especializada y un escalafón de maestro auxiliar, maestro titular de aula, inspector de escuelas de barrio, director local y visitador regional - y de los padres de familia con quienes se sintió y fue cooperador llamado
por Dios.
En sus escritos hace consideraciones sólo generales acerca de la teología, porque no pretende formar teólogos. En su Meditación sobre Santo Tomás de Aquino (M 108.1) lo considera el teólogo más eminente, recuerda su apelativo de Doctor Angélico, por haber adquirido su ciencia tanto al pie del crucifijo como en los libros, pues acudía a la oración y al ayuno en sus dificultades al estudiar o al componer, siempre en busca de la gloria de Dios y del bien de la Iglesia. En consecuencia, recomienda a los educadores imitarlo recurriendo a la lectura, a la oración y a la ascesis (M 108.2). En San Agustín admira la profundidad del saber comparable a su ardor apostólico, con los cuales fue útil a papas, a concilios y a diócesis a las que proporcionó pastores de gran formación, atrayéndose ataques que resultaron infructuosos al chocar con su piedad y humildad, por lo cual propone a los educadores unir el estudio con ambas virtudes (M 161.3). Del ejemplo de San Bruno, maestro de teología en París y en Reims, donde fue también canónigo, concluye que la piedad unida a la ciencia
sirve no sólo a la persona sino también a la Iglesia, y que los educadores cristianos han de formar en la doctrina y en la piedad (M 174.1).
Puede ser útil para muchos describir aquí en forma sencilla la teología de la educación. Teología es el estudio de Dios. Su fuente principal es la revelación o palabra de Dios, que enriquece a la
razón. Según el Concilio Ecuménico Vaticano II en su Constitución Dei Verbum, la revelación divina o palabra de Dios está en la Sagrada Escritura y en la tradición (DV 10). Un teólogo es un estudioso de Dios. Antes que doctor o docente de Dios, es un discípulo de Dios. Su maestro es la Palabra de Dios en persona o Verbo de Dios hecho hombre: Jesucristo (Jn 1, 1-5.9-14).
Trata de conocer las cosas desde el punto de vista que proporciona la revelación de Dios, acogida en la fe. Investiga las cosas de Dios para explicar la fe lo más clara y fundadamente posible a los discípulos de Jesucristo, es decir, a la Iglesia. Es un ministro de la palabra de Dios que sirve a la misión de la Iglesia, de evangelizar para cooperar al reino de Dios o salvación de la humanidad.
La teología de la educación es el estudio sistemático y crítico de la educación desde el punto de vista de la fe. Sus afirmaciones son tanto más aceptables por los creyentes, cuanto mejor fundadas estén en la Biblia bien entendida —en lo cual La Salle fue cuidadoso, como veremos- y en la tradición contenida en la liturgia, en el consenso de los grandes teólogos antiguos y santos llamados Padres de la Iglesia, en los testimonios de los santos incluso actuales, y en el magisterio oficial de las autoridades legítimas de la Iglesia.
Las afirmaciones de los teólogos, por ser científicas y no dogmáticas, son siempre provisorias y perfectibles. En San Juan Bautista De La Salle hay algunas que son válidas sólo para su época y
otras de vigencia permanente. Ante los nuevos problemas de la educación los cristianos reflexivos, por ejemplo, en los organismos educativos eclesiales y congregacionales, elaboran temas de teología de la educación para actualizar la misión educativa y la  espiritualidad de los educadores. En esta exposición se presentan algunos.
El magisterio eclesial universal sobre educación es tan reciente como Divini illius Magistri de Pío XI en 1929. La primera propuesta de una teología de la educación como ciencia autónoma es el artículo del brasileño Leoncio da Silva, S.D.B., Linhas fundamentais para uma teologia da educação, en « Revista Eclesiastica Brasileira » (1950) 352-369. Primer estudio en el tema es la tesis de Saturnino Gallego, F.S.C. La teología de la educación en San Juan Bautista De La Salle, Madrid, San Pío X, 1960.
Fundamenta sistemáticamente este campo de investigación Giuseppe Groppo, S.D.B. en Teologia dell’educazione: origine, identità, compiti (Roma, Librería Ateneo Salesiano, 1991).
Escribió una obra actual de gran acogida el estadounidense Thomas H. Groom: Educating for Life. A Spiritual Vision for every Teacher and Parent, Allen, Tx., Thomas More, 1998. Estos hechos
ilustran el carácter pionero de San Juan Bautista De La Salle en teología de la educación.
 
 
 

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